La nueva vejez: cómo la longevidad está transformando la vida en Costa Rica

Ene 20, 2026 | Noticias, Publireportaje, slider noticias | 0 Comentarios

Autor: Costa Rica Mayor
Por: Redacción Costa Rica Mayor. Colabora:  Eduardo Méndez, Director de Costa Rica Mayor.

El aumento sostenido de la esperanza de vida está redefiniendo la forma en que las personas envejecen y cómo las sociedades organizan el trabajo, la educación, la vivienda y la convivencia entre generaciones. La longevidad ya no es una excepción, sino una característica estructural del siglo XXI. Así lo subraya la revista TIME, que recientemente dedicó su portada a analizar cómo vivir más años está cambiando la vida cotidiana en las grandes ciudades del mundo.

Lo que ocurre en Estados Unidos, Alemania o Japón no es ajeno a Costa Rica. El país atraviesa una transición demográfica acelerada que obliga a replantear de forma urgente sus políticas públicas, sus modelos laborales y la manera en que se concibe la vejez.

Costa Rica supera hoy los 80 años de esperanza de vida y se encamina a convertirse, en pocas décadas, en una sociedad donde una de cada cuatro personas será mayor de 60 años. Este cambio ya impacta los sistemas de salud, las pensiones, los servicios de cuido y las dinámicas familiares, pero también abre nuevas oportunidades para pensar la vejez como una etapa activa, productiva y socialmente significativa.

La llamada “nueva vejez” rompe con la idea tradicional de retiro pasivo. Cada vez más personas mayores desean seguir aprendiendo, trabajando, emprendiendo o participando en sus comunidades. Sin embargo, las instituciones todavía operan bajo esquemas diseñados para una sociedad mucho más joven. El modelo de vida dividido en educación, trabajo y jubilación resulta insuficiente para una longevidad que puede extenderse por 20 o 30 años después del retiro formal.

En Costa Rica comienzan a observarse señales de cambio. Universidades amplían programas dirigidos a personas mayores, crece el interés por la formación continua y algunas empresas empiezan a valorar la experiencia sénior. Aun así, el edadismo sigue presente en el mercado laboral y las oportunidades para trabajar de manera flexible después de los 60 años continúan siendo limitadas.

Otro de los grandes desafíos que plantea la longevidad es la convivencia entre generaciones. En otros países han surgido modelos residenciales intergeneracionales y experiencias donde personas mayores y jóvenes comparten espacios de vivienda, aprendizaje y mentoría. Estos enfoques han demostrado reducir la soledad, fortalecer el sentido de comunidad y generar intercambios de conocimiento valiosos para todas las edades.

En Costa Rica, aunque existen iniciativas comunitarias y proyectos intergeneracionales, todavía no se ha consolidado una política clara que impulse barrios amigables con la edad, vivienda intergeneracional o programas estructurados de mentoría sénior. La fragmentación por edades sigue siendo la norma en la mayoría de los entornos urbanos.

El mundo laboral también enfrenta transformaciones inevitables. Muchas personas mayores desean continuar trabajando, pero con jornadas más cortas, roles distintos o funciones de acompañamiento y transferencia de conocimiento. La experiencia acumulada es un activo social poco aprovechado en el país, a pesar de que su incorporación podría contribuir a la productividad, la cohesión social y el bienestar emocional.

La longevidad, sin embargo, no se vive de igual manera para todas las personas. En Costa Rica persisten profundas desigualdades que condicionan la experiencia de la vejez. Las brechas en pensiones, el acceso desigual a vivienda adecuada y la falta de redes de apoyo hacen que muchas personas enfrenten una vejez marcada por la precariedad. Sin políticas públicas integrales, el riesgo es que vivir más años se convierta en un privilegio y no en un derecho.

La nueva vejez no es una crisis demográfica, sino una oportunidad histórica. Costa Rica tiene la posibilidad de anticiparse y construir una sociedad donde envejecer signifique seguir participando, aprendiendo y aportando. Para lograrlo, se requiere una visión país que incorpore la longevidad en la planificación urbana, el empleo, la educación y los sistemas de protección social.

Desde Costa Rica Mayor, insistimos en que el envejecimiento de la población no debe abordarse como un problema, sino como un cambio estructural que exige innovación, justicia social y una mirada intergeneracional. La longevidad ya está transformando la vida cotidiana. La pregunta es si el país está preparado para convertirla en una oportunidad colectiva y no en una nueva fuente de desigualdad.

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