Flory Campos, adulta mayor delegada del TSE: cuando la experiencia sostiene la democracia

Ene 30, 2026 | Frecuencia de vida, slider frecuencia de vida | 0 Comentarios

Autor: Costa Rica Mayor

Por Redacción Costa Rica Mayor

San José, 30 de Marzo de 2026. A sus 69 años, Flory Campos —con casi dos décadas de servicio— encarna una verdad que a veces se olvida: la democracia también se cuida con experiencia, compromiso y vocación cívica. Como delegada del Tribunal Supremo de Elecciones (TSE), su labor es silenciosa, exigente y profundamente ética. Y, como ella misma lo dice, es un honor.

Participar en las elecciones es fundamental”, señala Flory. “Y que una persona adulta mayor participe como delegada lo es aún más. Aprendemos muchísimo, hay capacitación constante y se nos reconoce un lugar de respeto dentro del proceso”. Ese respeto no llega acompañado de salario: el trabajo es ad honórem. Aun así, la responsabilidad es la de un funcionario público. “Si hay una denuncia, la enfrentamos como empleados públicos, con abogado y todo, porque debemos cuidar la investidura del Tribunal”.

Un servicio que no se paga, pero se honra

Desde octubre y durante meses, los delegados atienden lo que el proceso demande: manifestaciones, piquetes, recorridos y mediación de conflictos. Flory trabaja en la Región 2, un territorio amplio con poca participación. “No nos pagan nada. Nos llevamos aguaceros, sol y hasta uno que otro insulto, y ahí estamos con el uniforme, sin entrar en discusiones, siendo mediadores cuando hay problemas”.

¿Y las personas jóvenes participan en ese rol? Flory lo explica sin rodeos: “A muchos jóvenes —incluso hasta los 55— lo primero que les interesa es cuánto pagan. Cuando oyen que es nada, se van. Pero este trabajo de delegado del TSE requiere lealtad y compromiso”. Entre los delegados, estima, una tercera parte supera los 60 años; mayores de 65 son menos, pero —dice— “somos los que trabajamos leales. A donde me llamen, voy. Ni lo pienso”.

Derecho a participar, derecho a servir

La historia de Flory recuerda que la participación cívica es un derecho, y también una forma de servicio a la comunidad. Las personas adultas mayores no solo votan: organizan, observan, median y sostienen los procesos que hacen posible elecciones libres y transparentes. En un país que envejece, su aporte es insustituible.

“Tenemos que estar ahí porque somos muy pocos para todo el país”, insiste Flory. Y ahí están: firmes, cuando el clima es adverso; neutrales, cuando el ambiente se caldea; presentes, cuando la democracia los necesita.

Costa Rica Mayor reconoce y visibiliza el aporte de personas como Flory Campos, cuyo ejemplo reafirma que envejecer también es participar, y que la experiencia —bien puesta— fortalece la democracia.

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