Por: Eduardo Méndez, Máster en Gerencia Social. Especialista en envejecimiento y vejez.
Hace unos meses, en medio de una mis clases sobre Derechos Humanos para personas adultas mayores en la Universidad Santa Paula, un rostro conocido se mezcló entre los alumnos. Era Fabio Muñoz Campos, el entrañable periodista costarricense que por décadas recorrió el país a través de las cámaras del SINART. Su figura, inconfundible, resonaba en mi memoria gracias a su emblemático programa “De Pueblo en Pueblo”, que me acompañó a la distancia durante años en que viví fuera de Costa Rica, evocando en mí la melancolía de la tierra natal y el orgullo de nuestra identidad.
Fabio no solo ha sido cronista de las costumbres, paisajes y personajes del país. Su trabajo durante más de cuatro décadas en Canal 13 lo convirtió en referente del periodismo cultural y comunitario. Licenciado en Ciencias de la Comunicación Colectiva por la Universidad de Costa Rica, ha documentado con respeto y pasión la esencia del ser costarricense, particularmente a través de su amor por Curridabat, cantón al que ha dedicado dos libros: “Curridabat Anecdótico” y “Curridabat Anecdótico II”, este último publicado en 2021.
Hoy, Fabio no solo observa la historia; también la escribe desde nuevos espacios. Como adulto mayor activo y participativo, se ha convertido en ejemplo vivo del envejecimiento con propósito. Su presencia en el aula no es pasiva: aporta, pregunta, propone. Y fuera del aula, actúa.
Uno de sus aportes más relevantes ha sido su lucha por el reconocimiento de las casas de adobe y bahareque como símbolos nacionales. Inspirado por su vivencia y compromiso con la herencia arquitectónica costarricense, propuso esta idea al diputado Luis Fernando Mendoza Jiménez, quien presentó el proyecto de ley N.º 23.481. La iniciativa fue acogida favorablemente por la Comisión de Honores de la Asamblea Legislativa.
El proyecto no solo busca declarar estas edificaciones como símbolos nacionales, sino también promover su inclusión en los programas del Ministerio de Educación Pública (MEP), fomentar acciones del Ministerio de Cultura y Juventud para su conservación, y motivar al Instituto Costarricense de Turismo (ICT) a integrarlas en campañas para turistas nacionales e internacionales.
“Proteger nuestras casas de adobe —decía Fabio en una reciente conversación— es proteger nuestras raíces. Al igual que la carreta, el yigüirro, la marimba o la guaria morada, estas casas hablan de una Costa Rica que no debemos olvidar”, reflexionó con nostalgia y firmeza. Su mensaje es claro: cuidar el pasado es también apostar por un presente con identidad y un futuro con memoria.
Hoy, Fabio Muñoz no solo es periodista y escritor. Es también estudiante, activista y referente. En cada clase, nos recuerda que la edad no limita el deseo de aprender, participar y transformar. Porque como él mismo lo demuestra, el compromiso con el país y su patrimonio no tiene fecha de jubilación.





