📍 San José, Costa Rica — 3 de noviembre de 2025
✍️ Por Redacción Costa Rica Mayor
Conducir es sinónimo de independencia, libertad y conexión con el entorno. Para muchas personas adultas mayores en Costa Rica, tener un automóvil es más que un medio de transporte: representa autonomía, participación y control sobre su vida cotidiana. Sin embargo, el envejecimiento trae consigo cambios naturales en la vista, los reflejos, la fuerza física y la concentración, factores que pueden afectar la seguridad vial y hacer que manejar deje de ser una experiencia segura.
En Costa Rica, la legislación no establece una edad máxima para conducir. La Ley de Tránsito N.º 9078 y su reglamento se centran en la capacidad física y mental del conductor, no en su edad cronológica. Esto significa que la decisión de seguir manejando no depende de los años, sino del estado de salud y de la responsabilidad con uno mismo y con los demás.
Cuando la experiencia ya no es suficiente
A lo largo de la vida, la experiencia al volante es una fortaleza invaluable. No obstante, hay momentos en que la prudencia debe prevalecer sobre la costumbre. Si una persona adulta mayor comienza a desorientarse en rutas conocidas, tiene dificultad para reaccionar ante situaciones imprevistas, siente miedo o tensión al conducir, o nota que su cuerpo ya no responde con la misma agilidad, es momento de detenerse y reflexionar. También la vista y el oído —sentidos esenciales para detectar señales, peatones o sirenas— pueden deteriorarse gradualmente, afectando la percepción del entorno.
Reconocer estos cambios no implica perder independencia. Al contrario, hacerlo a tiempo permite prevenir accidentes y adaptar la movilidad a las nuevas condiciones de vida.
La evaluación médica: una herramienta para cuidar, no para castigar
La normativa costarricense exige un dictamen médico digital como requisito para renovar la licencia de conducir. Este examen certifica que la persona mantiene las condiciones necesarias para conducir de forma segura. Su vigencia depende de la edad del conductor: hasta los 64 años se renueva cada seis años; entre los 65 y 70 años cada tres; de los 71 a los 75 años cada dos; y a partir de los 76 años, cada año.
El objetivo de este dictamen no es restringir derechos, sino garantizar que las personas adultas mayores puedan continuar conduciendo con seguridad y confianza. Los médicos especialistas en tránsito pueden recomendar revisiones adicionales o incluso el retiro temporal de la licencia si se detectan riesgos que comprometan la conducción.
Un país sin edad límite, pero con responsabilidad compartida
Costa Rica se distingue por no fijar una edad límite para conducir. Sin embargo, la ley exige que todo conductor mantenga aptitud física y mental comprobable. Esto convierte la seguridad vial en una responsabilidad compartida entre la persona mayor, su familia y los profesionales de salud.
Cuando surgen dudas, lo más adecuado es solicitar una evaluación médica o realizar una prueba de manejo supervisada. En muchos casos, una valoración temprana puede prevenir accidentes, proteger la vida y conservar la autonomía de manera responsable.
Conversar antes de tomar la decisión
Hablar sobre la posibilidad de dejar de conducir no siempre es fácil. Para una persona mayor, el automóvil representa independencia; por eso, la conversación debe abordarse con empatía y respeto. La familia puede acompañar este proceso ofreciendo alternativas como transporte compartido, servicios de movilidad adaptados o redes comunitarias de apoyo.
“Dejar de manejar no significa dejar de moverse. Significa hacerlo de otra forma, con seguridad y dignidad”, recuerda Eduardo Méndez, Director de Costa Rica Mayor.
Envejecer con seguridad y libertad
El verdadero reto del envejecimiento no consiste en detenerse, sino en aprender a avanzar con conciencia. La madurez trae consigo sabiduría y la capacidad de reconocer los propios límites. Soltar las llaves a tiempo puede ser un acto de amor propio, de prudencia y de respeto hacia la vida. En el camino hacia una vejez activa y segura, la movilidad debe entenderse como un derecho, pero también como una responsabilidad compartida.







