Por: Redacción Costa Rica Mayor
San José, 6 de Enero de 2026. En muchos barrios y comunidades de Costa Rica, el sonido de una guitarra, el murmullo de una oración y el aroma del café recién chorreado anuncian que algo especial está por comenzar. Es el rezo del Niño, una tradición profundamente arraigada que, año tras año, convierte las casas en espacios de encuentro, fe y memoria colectiva.
Aunque suele asociarse con la Navidad y los primeros días de enero, el rezo del Niño es mucho más que un acto religioso. Es una práctica comunitaria donde la palabra se comparte, la música se hereda y los afectos se renuevan. En este ritual, las personas adultas mayores ocupan un lugar central: son guardianas de la historia, portadoras de los rezos, las coplas y los cantos que han viajado de generación en generación.
En tiempos de cambios acelerados y de relaciones cada vez más digitales, estas celebraciones siguen siendo un punto de anclaje. No solo preservan la fe popular, sino que fortalecen los lazos comunitarios y ofrecen a las personas mayores un espacio activo de participación, reconocimiento y sentido.
Voces que mantienen viva la tradición
Doña María Elena, de 78 años, vecina de San Ramón, recuerda que aprendió los rezos siendo apenas una niña.
“Mi abuela me enseñó las oraciones y los cantos. Hoy me emociona ver a mis nietos sentados a la par mía, siguiendo el librito y preguntando por qué se dice cada cosa. Mientras yo pueda hablar, el rezo no se pierde”, afirma con una sonrisa serena.
Para don Rafael, de 82 años, en un barrio El Carmen de Cartago, el rezo del Niño es también un acto de comunidad.
“Antes uno iba de casa en casa y nadie se sentía solo. Ahora somos menos, pero cuando llega el rezo, el barrio vuelve a reunirse. Yo siento que todavía sirvo, que todavía puedo aportar algo”, comenta mientras acomoda el nacimiento.
En Guanacaste, doña Ana Lucía, de 74 años, destaca el valor emocional de la tradición.
“El rezo no es solo rezar. Es recordar a los que ya no están, compartir comida, escuchar a los chiquillos cantar. A uno le devuelve la alegría y la sensación de pertenecer”, dice con voz firme.
Personas mayores: puentes entre pasado y futuro
El rezo del Niño demuestra que el envejecimiento no es sinónimo de retiro de la vida social, sino una etapa donde la experiencia cobra un valor especial. Las personas adultas mayores no solo participan: lideran, enseñan y transmiten. Son el hilo que conecta la memoria familiar y comunitaria con las nuevas generaciones.
En un país que envejece rápidamente, reconocer y fortalecer estos espacios culturales es también una forma de promover un envejecimiento activo, digno y con sentido. Tradiciones como el rezo del Niño recuerdan que la cultura vive mientras haya alguien dispuesto a contarla, cantarla y compartirla.
En cada oración y en cada canto, Costa Rica reafirma que sus personas mayores no son el pasado, sino una parte esencial del presente que sostiene el futuro.







