Una alerta científica que revela una realidad más profunda
Por: Redacción www.costaricamayor.com
San José, 27 de Marzo del 2026. El estrés crónico no solo afecta el estado emocional. Diversas investigaciones científicas han demostrado que también puede acelerar el envejecimiento del cerebro, incrementando el riesgo de deterioro cognitivo y enfermedades como la demencia. Estudios publicados en Nature Reviews Neuroscience y en The Journal of Neuroscience coinciden en que el estrés sostenido altera la estructura y funcionamiento del cerebro, afectando áreas clave como el hipocampo, responsable de la memoria, y reduciendo la capacidad de adaptación neuronal.
Además, investigaciones difundidas por Harvard Medical School señalan que el aumento prolongado de cortisol, la principal hormona del estrés, puede generar inflamación cerebral y acelerar procesos asociados al envejecimiento cognitivo. En conjunto, la evidencia apunta a que vivir bajo presión constante no solo desgasta emocionalmente, sino que también impacta funciones esenciales como la memoria, la concentración y la toma de decisiones. Cuando este fenómeno se observa desde la realidad costarricense, adquiere un significado más profundo y preocupante.
Vivir con estrés en la vejez: una experiencia cotidiana
Para muchas personas adultas mayores en Costa Rica, el estrés no es un episodio aislado, sino una condición persistente que atraviesa su día a día. Doña Marta, de 72 años, pensionada, describe su experiencia con una mezcla de resignación y preocupación: “Uno ya no descansa la mente. Todo es preocupación: la plata, la salud, la familia. A veces se me olvidan las cosas y me da miedo que sea algo peor”.
Don Luis, de 68 años, continúa trabajando en la informalidad porque su pensión no le permite cubrir sus necesidades básicas. “Yo debería estar tranquilo, pero sigo trabajando porque la pensión no alcanza. Eso cansa… no solo el cuerpo, también la cabeza”. Su testimonio revela cómo la presión económica prolonga la vida laboral y, al mismo tiempo, incrementa el desgaste mental en una etapa en la que debería predominar la estabilidad.
El estrés en la vejez: un problema estructural
El impacto del estrés en el cerebro está ampliamente documentado por la ciencia, pero sus efectos no ocurren en el vacío. En Costa Rica, el estrés en la vejez está profundamente vinculado a condiciones sociales, económicas e institucionales que configuran una experiencia de envejecimiento desigual.
Las dificultades para acceder a una pensión suficiente, el aumento sostenido del costo de vida y las barreras en el acceso a servicios de salud, especialmente en la Caja Costarricense de Seguro Social, generan un entorno de incertidumbre constante. A esto se suma la sobrecarga de cuidados dentro de las familias y el crecimiento de la soledad en la vejez, elementos que intensifican el estrés y afectan directamente la salud mental.
Envejecer en Costa Rica: entre la ciencia y la realidad
Mientras la ciencia avanza en la comprensión de cómo promover un envejecimiento saludable, la realidad evidencia una brecha significativa entre el conocimiento disponible y las condiciones en las que viven muchas personas mayores. No todas envejecen bajo las mismas circunstancias. Algunas cuentan con redes de apoyo, estabilidad económica y acceso a servicios de salud, lo que les permite mantener una buena calidad de vida. Otras, en cambio, enfrentan un proceso marcado por la precariedad, donde el estrés se convierte en un factor determinante del deterioro.
Este contraste obliga a replantear la forma en que se entiende la vejez en el país. Más que una etapa biológica, se trata de una construcción social que refleja las oportunidades, o la falta de ellas, acumuladas a lo largo de la vida.
Un país que envejece sin preparación suficiente
Costa Rica atraviesa un proceso de envejecimiento acelerado que no ha sido acompañado por transformaciones estructurales al mismo ritmo. La salud mental sigue siendo un componente poco integrado en la atención a las personas mayores, las pensiones continúan siendo insuficientes para una parte importante de la población y el sistema de cuidados aún presenta vacíos significativos.
En este contexto, el estrés deja de ser un problema individual para convertirse en un indicador de las debilidades del modelo social. La pregunta ya no es si las personas mayores experimentan estrés, sino por qué el entorno en el que viven lo genera de manera constante.
Más allá del cerebro: una deuda social pendiente
El estrés no solo envejece el cerebro. También expone las tensiones de una sociedad que aún no ha logrado adaptarse a su propia transición demográfica. Costa Rica enfrenta el desafío de redefinir la manera en que acompaña a su población mayor, no solo desde el sistema de salud, sino desde un enfoque integral que garantice bienestar, seguridad y dignidad.
El verdadero reto no radica únicamente en prolongar la esperanza de vida, sino en asegurar que esos años adicionales puedan vivirse sin la carga constante de la preocupación. Porque, en última instancia, la calidad de la vejez no debería depender de la capacidad de resistir el estrés, sino de la posibilidad real de vivir con tranquilidad.






