Por: Redacción Costa Rica Mayor
En Costa Rica, las muertes por Alzheimer y otras demencias se han duplicado en los últimos años. En el 2025, tanto el INEC como la Escuela de Medicina de la Universidad Hispanoamericana confirmaron una realidad innegable: la demencia avanza con fuerza en nuestro país, mientras la política pública se mueve con pasos demasiado lentos.
La falta de datos sobre demencia en Costa Rica
La situación es aún más preocupante porque los datos al 2025 siguen siendo difusos. No existe un registro nacional actualizado de personas con demencia, ni estadísticas claras sobre cuántos costarricenses viven con Alzheimer o cómo evolucionan sus necesidades.
Cuando no hay datos, no hay decisiones. La invisibilización estadística se convierte en invisibilización política y, con ello, en una violación de los derechos de las personas y familias que conviven con la demencia.
La respuesta comunitaria: centros diurnos y clínicas de memoria
Hoy, la respuesta más visible proviene de las comunidades.
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Los centros diurnos para personas mayores se han convertido en el primer frente de atención, incorporando programas de estimulación cognitiva y acompañamiento que mejoran la calidad de vida.
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La Clínica de Memoria del Centro Diurno de El Tejar, pionera desde 2014, ha demostrado que los programas comunitarios marcan una diferencia real.
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Más recientemente, la CCSS abrió una Clínica de Memoria en Puriscal, un modelo que debería replicarse en todo el país.
Estos esfuerzos comunitarios muestran que sí se pueden lograr avances, pero no son suficientes si no hay una estrategia nacional y un presupuesto sostenido.
Falta de presupuesto y compromiso estatal
Actualmente, los recursos para la atención de la demencia en Costa Rica son limitados, fragmentados y dependen más de voluntades locales que de políticas públicas sólidas. El abandono presupuestario del Gobierno agrava la situación y deja a miles de familias solas en el cuidado de personas con Alzheimer.
Organizaciones que luchan por la visibilización
Ante la ausencia estatal, organizaciones como ASCADA y Fundalzheimer Costa Rica han tomado la bandera, realizando actividades de sensibilización, educación y acompañamiento en comunidades de todo el país. Su trabajo es invaluable, pero no debería suplir lo que corresponde al Estado costarricense.
Un llamado urgente
Costa Rica, país orgulloso de su sistema de salud universal, no puede seguir relegando la demencia y el Alzheimer a un segundo plano.
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Cada persona diagnosticada con demencia es un ciudadano con derechos, no una estadística marginal.
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Cada familia cuidadora forma parte de una red invisible de trabajo no remunerado que sostiene lo que el Estado aún no asume plenamente.
Es urgente que el tema de la demencia entre en la agenda nacional con la seriedad que merece. Se necesitan:
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Presupuesto específico para programas de atención y prevención.
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Un registro nacional de casos de demencia.
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Programas integrales que incluyan rehabilitación cognitiva, atención comunitaria y apoyo a familias cuidadoras.





