Por: Redacción CostaRicaMayor.com
Colaboración de Eduardo Méndez, Máster en Gerencia Social
San José, Costa Rica — 23 de octubre de 2025
La salud no puede esperar
Costa Rica se enorgullece de su sistema de salud. El Seguro de Salud de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) cubre a más del 97 % de las personas adultas mayores, de acuerdo con el II Informe del Observatorio del Envejecimiento de la Universidad de Costa Rica (2023).
Este modelo, uno de los más amplios de América Latina, garantiza atención médica integral, medicamentos, hospitalización y rehabilitación.
Pero en los últimos días, ese orgullo se ha visto sacudido por un caso que parece una parodia trágica: una mujer de 61 años recibió una cita médica en el Hospital de San Carlos… para el año 2048. Es decir, dentro de 23 años.
Cuando la burocracia sustituye a la humanidad
La noticia, que recorrió el país con indignación y asombro, no es solo un “error de digitación”, como lo calificó la CCSS. Es un síntoma de algo más profundo: un sistema de salud que envejece más rápido que sus pacientes.
El Observatorio del Envejecimiento advierte que la población costarricense está envejeciendo aceleradamente. Cada año, más personas mayores demandan atención médica, tratamientos especializados y servicios geriátricos.
Y aunque la cobertura se mantiene alta, los tiempos de espera se han convertido en una nueva forma de exclusión silenciosa.
Porque tener seguro, como señala el informe, no equivale a tener salud.
La universalidad vacía
El artículo 177 de la Constitución garantiza la universalidad del seguro. Pero la universalidad sin oportunidad se transforma en una promesa hueca.
¿Qué sentido tiene un sistema “universal” si una persona muere antes de ser atendida?
¿Qué valor tiene la cobertura cuando la atención llega tarde o nunca llega?
El derecho a la salud, especialmente para las personas mayores, es también un derecho a ser atendidas con dignidad y a tiempo. La Convención Interamericana sobre los Derechos Humanos de las Personas Mayores (Ley 9394) es clara: los Estados deben asegurar atención oportuna y sin discriminación por edad.
Tres caminos urgentes
El informe del Observatorio propone acciones concretas que hoy cobran más urgencia que nunca:
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Planificación geriátrica nacional: más especialistas, clínicas de seguimiento y servicios adaptados a las necesidades de la vejez.
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Transformación digital: sistemas inteligentes para asignar citas, gestionar listas de espera y realizar teleconsultas.
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Gestión transparente: auditorías y rendición de cuentas para evitar que la burocracia siga enfermando al sistema.
Estas medidas no son lujos administrativos, son condiciones mínimas para garantizar la vida y la dignidad.
Un llamado a la conciencia colectiva
El caso de la cita a 23 años no debe olvidarse en la próxima semana mediática. Es un espejo incómodo que refleja cómo la indiferencia institucional se filtra en el tejido social.
Costa Rica ha logrado una cobertura ejemplar, pero la verdadera justicia sanitaria no se mide en pólizas ni en porcentajes, sino en la oportunidad de atención real para cada persona.
Si un sistema de salud deja a una mujer esperando más de dos décadas, el problema no es solo técnico: es ético, político y humano.
Garantizar un envejecimiento digno significa pasar de la promesa de cobertura a la práctica de la atención inmediata.
Porque envejecer con dignidad no es esperar sentado: es ser visto, escuchado y atendido.
Envejecer con dignidad significa ser escuchado y atendido, no solo asegurado.
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