Por Eduardo Méndez, Abogado, Máster en Gerencia Social y Director de Costa Rica Mayor
Hay una pregunta que se repite constantemente en charlas, capacitaciones, reuniones con empresas, entrevistas y espacios académicos: ¿economía plateada y economía de la longevidad son lo mismo? La confusión es comprensible, porque ambos conceptos están relacionados con el envejecimiento de la población y suelen usarse como sinónimos. Sin embargo, no significan exactamente lo mismo y entender la diferencia es clave para pensar el presente y el futuro de Costa Rica.
Vivimos en un país que envejece aceleradamente y, al mismo tiempo, en una sociedad donde cada vez más personas viven más años. Esta realidad obliga a repensar cómo producimos, consumimos, trabajamos, ahorramos y cuidamos. En ese contexto aparecen dos enfoques complementarios pero distintos: la economía plateada y la economía de la longevidad.
La economía plateada se centra principalmente en las personas adultas mayores, generalmente a partir de los 60 o 65 años. Su foco está puesto en el consumo, las necesidades y las oportunidades económicas que surgen cuando una parte importante de la población entra en la etapa de la vejez. Analiza cómo el mercado, los servicios y las políticas públicas responden a una población que envejece y que tiene demandas específicas.
Desde esta perspectiva, la economía plateada se manifiesta en sectores como el turismo senior, los servicios de cuidados y atención a la dependencia, la vivienda adaptada, la salud y los dispositivos de apoyo, los servicios financieros vinculados a pensiones y ahorro, la tecnología asistiva y las oportunidades educativas dirigidas a personas mayores. Su pregunta central es muy concreta: qué bienes, servicios y modelos de negocio surgen porque la población envejece. Por eso se trata de un enfoque más sectorial y orientado al mercado, especialmente útil para empresas, emprendimientos, municipalidades y políticas públicas dirigidas al grupo etario 60+.
La economía de la longevidad, en cambio, es un enfoque más amplio, transversal y estratégico. No se limita a la vejez ni a una edad específica, sino que analiza el impacto económico de vivir más años a lo largo de todo el ciclo de vida. Parte de una premisa fundamental: cuando las personas viven más tiempo, toda la estructura económica y social debe reorganizarse.
Este enfoque observa cómo cambian el trabajo, el ahorro, el consumo, la educación y la salud en sociedades longevas. Incluye a personas de 40, 50, 60, 70, 80 años y más, considerando trayectorias laborales más largas, procesos de reentrenamiento y aprendizaje continuo, nuevos modelos de jubilación flexible o gradual, estrategias de prevención y bienestar desde edades tempranas e innovación intergeneracional. La pregunta que guía la economía de la longevidad es más profunda y de largo plazo: cómo se reorganiza la economía cuando vivir 90 o 100 años deja de ser una excepción y se convierte en una posibilidad real para amplios sectores de la población.
Por eso, mientras la economía plateada responde principalmente al fenómeno del envejecimiento, la economía de la longevidad responde al alargamiento de la vida. Una se enfoca en productos y servicios específicos para personas adultas mayores; la otra propone una transformación económica global y una estrategia país orientada a la sostenibilidad social, económica y demográfica.
Esta distinción es especialmente relevante para Costa Rica. Nuestro país ya es una sociedad envejecida y, al mismo tiempo, una sociedad que avanza rápidamente hacia la longevidad. Pensar únicamente en economía plateada sin una visión de longevidad puede llevar a respuestas parciales. Pensar solo en longevidad sin atender las necesidades actuales de las personas adultas mayores también es un error.
Desde Costa Rica Mayor insistimos en que ambos enfoques no compiten, sino que se complementan. La economía plateada nos ayuda a responder a los desafíos inmediatos y a mejorar la calidad de vida de quienes hoy son personas adultas mayores. La economía de la longevidad nos obliga a diseñar un país preparado para vidas más largas, activas y diversas, donde el envejecimiento no sea sinónimo de exclusión, sino de nuevas oportunidades.
Entender esta diferencia no es un ejercicio académico. Es una herramienta para diseñar mejores políticas públicas, impulsar emprendimientos más inteligentes, construir empresas más inclusivas y, sobre todo, preparar a Costa Rica para una realidad demográfica que ya está aquí. Porque envejecer no es solo un reto. Es una oportunidad social, económica y humana que el país no puede darse el lujo de desaprovechar.
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