Por: Redacción Costa Rica Mayor
Costa Rica se encuentra ante una encrucijada que también es una gran oportunidad: transformar el modelo de cuidado de las personas mayores no solo como una responsabilidad social, sino también como un motor de generación de empleo y cohesión social.
Según proyecciones de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), si el país ampliara sus alternativas de cuidado, podría generar cerca de 173.000 nuevos empleos al año 2030. Esta cifra, calculada con herramientas de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), confirma algo que muchos ya sabemos: cuidar también es producir y sostener la vida.
Un futuro demográfico que exige acción
Para el año 2070, se estima que habrá 40 personas de edad muy avanzada por cada 100 personas adultas en nuestra región. En otras palabras, envejecer ya no es la excepción, sino la norma. Este cambio demográfico demanda ajustes profundos en los sistemas de salud, seguridad social y en las políticas públicas orientadas a los cuidados de largo plazo, reconocidos hoy como un derecho humano esencial.
Las tareas del cuidado: invisibles pero fundamentales
En Costa Rica, como en el resto de América Latina, la mayor parte del cuidado recae sobre los hombros de las mujeres. Según datos de la CEPAL, las mujeres costarricenses dedican en promedio 39 horas semanales a trabajos no remunerados de cuidado. Este trabajo, aunque no se paga ni se registra formalmente, sostiene el bienestar de miles de hogares y comunidades.
A pesar de su enorme valor, estas labores siguen siendo en su mayoría informales, precarias o desprotegidas. Es aquí donde el país tiene una gran oportunidad: formalizar y profesionalizar el sector del cuidado no solo dignifica a quienes lo ejercen, sino que fortalece el sistema social y económico del país.
Economía solidaria para el cuidado
Una de las alternativas más viables y justas para avanzar en este camino es la creación de cooperativas y redes comunitarias de cuidado. Este modelo ya funciona en países como Francia, Quebec y Argentina, y permite que personas cuidadoras —en su mayoría mujeres— puedan brindar servicios a cambio de una remuneración justa, formación continua y respaldo legal.
Costa Rica tiene una base sólida en este sentido, con su Red Nacional de Cuido, su tradición de participación comunitaria y el compromiso de organizaciones de bienestar social. Lo que falta es ampliar la escala y garantizar su sostenibilidad.
Costa Rica: la más envejecida de la subregión
Dentro de Centroamérica y el Caribe hispano, Costa Rica es el país que ha envejecido más rápido. Ya superamos el umbral del 13% de personas mayores de 60 años, lo que nos define como una sociedad envejecida. Para el 2033, se espera que superemos el 20%, convirtiéndonos en una sociedad “muy envejecida”, según parámetros internacionales.
Con una esperanza de vida de 80,7 años y una de las tasas de fecundidad más bajas de la región (1,51 hijos por mujer), Costa Rica enfrenta un escenario en el que cada vez más personas vivirán más tiempo, pero no necesariamente en mejores condiciones de salud.
La pérdida de años de vida saludable después de los 60 —producto de enfermedades crónicas prevenibles— nos llama a actuar desde la promoción de la salud, la prevención, y el cuidado con enfoque integral y de derechos.
Personas mayores activas y esenciales
En medio de este panorama, hay un dato que debe inspirarnos: las personas mayores en Costa Rica siguen siendo actores activos y valiosos en sus hogares y comunidades. Un tercio de quienes tienen entre 60 y 64 años aún realizan tareas domésticas, y un 21% de quienes rondan los 75 años siguen colaborando en la dinámica familiar.
Este aporte —invisible para muchos— permite, por ejemplo, que mujeres jóvenes puedan integrarse al mercado laboral. Valorar y reconocer este trabajo es urgente. La economía del cuidado comienza en el hogar, pero debe fortalecerse desde el Estado.
Derechos, justicia y futuro
Costa Rica ha dado pasos importantes al ratificar tratados internacionales para la protección de los derechos de las personas mayores. Pero los desafíos siguen: el acceso a cuidados de calidad, la erradicación de la violencia, y la garantía del acceso a la justicia deben estar en el centro de la política pública.
El cuidado no debe ser una carga invisible ni una tarea solitaria. Debe ser un pilar de una sociedad más justa, humana y sostenible. Costa Rica tiene la oportunidad de liderar este cambio en la región, reconociendo que el envejecimiento no es un problema, sino una etapa valiosa de la vida que merece respeto, atención y dignidad.





