CONTEXTO · MOVILIDAD Y DERECHOS. Por: Redacción www.costaricamayor.com
La ruta 16 dejó de circular entre barrio México, San Cayetano, Sabanilla y Escalante. La empresa habló de combustible, de demanda y del «predominio de adultos mayores». Pocos hablaron de lo que viene después: las citas que se pierden, los taxis que no caben en una pensión y la casa que, poco a poco, se convierte en el único lugar al que se puede ir.
Doña Hilda tiene 74 años y vive en Sabanilla. Los martes toma el bus para ir al EBAIS, los jueves a su grupo de baile y los viernes a recoger a su nieta en la escuela mientras su hija trabaja. Hasta ayer, el bus que la llevaba era la ruta 16.
Desde este viernes 9 de octubre, esa ruta de La Red Ltda ya no circula. Según informó Semanario Universidad, la empresa atribuyó la decisión al costo del combustible, a la falta de demanda regular y al predominio de personas adultas mayores en las comunidades atendidas. Su gerente, Gilberth Fernández, explicó a la periodista Amelia Rueda que esas personas viajan sin pagar y que su pasaje se reparte en la tarifa de los demás, lo que la encarece. Afirmó que en uno de los ramales suben, en un día común, unas 200 personas mayores por cada 100 que pagan, una proporción que no ha sido verificada de forma independiente.
Ese debate sobre quién financia el beneficio es real y merece resolverse. Pero mientras se discute, hay personas como doña Hilda que se quedaron esperando en la parada.
La cita que no se cumple
La primera pérdida suele ser silenciosa: la cita médica. Una persona que controla su presión, su diabetes o un tratamiento recetado depende de llegar a tiempo al EBAIS, a la clínica o al hospital, y de volver a retirar los medicamentos. Cuando el trayecto se complica, la cita se pospone, y luego otra. La literatura internacional identifica el transporte como una de las barreras más frecuentes para acudir a los servicios de salud, sobre todo entre personas mayores. Una consulta perdida no aparece en ninguna estadística de la ruta, pero puede aparecer meses después en una emergencia.
Lo mismo ocurre con los encuentros que no tienen nada de médico y sostienen la vida igual: el grupo de la iglesia, el curso en la universidad, la reunión de la asociación de desarrollo, el café con las amigas, la visita a un hermano en otro barrio. Son los primeros que se sacrifican cuando moverse cuesta más, precisamente porque parecen prescindibles.
El taxi que no cabe en la pensión
La alternativa obvia es el taxi o la aplicación de transporte. Para muchas personas mayores no es una alternativa. La pensión del Régimen No Contributivo ronda los ₡82.000 mensuales, y buena parte de las pensiones contributivas tampoco deja margen. Un viaje de ida y vuelta en taxi puede costar varios miles de colones. Dos o tres por semana bastan para comerse una porción importante de un ingreso que ya tenía destino: comida, servicios, medicamentos.
La consecuencia es una elección que nadie debería tener que hacer: pagar el taxi para ir a la cita o guardar ese dinero para el recibo de la luz. Quien elige lo segundo no está siendo descuidado con su salud. Está administrando con lo que tiene.
Agendas familiares que no alcanzan
La otra salida es pedir que alguien de la familia lleve y traiga. Suena simple hasta que se mira la agenda real. Las hijas e hijos trabajan en horarios fijos, muchas veces lejos de casa; atienden a sus propios hijos; no siempre tienen carro. Una cita a las nueve de la mañana de un martes puede significar un permiso sin goce de salario o un día de vacaciones.
Además, la persona mayor que antes resolvía sola sus trámites pasa a depender del tiempo de otros, y eso cambia la relación. Muchas prefieren no pedir para no molestar. Otras dejan de hacer cosas que hacían con autonomía, no porque no puedan, sino porque ya no hay cómo llegar. En el caso de doña Hilda, además, la cadena se rompe hacia el otro lado: si ella no puede recoger a su nieta, es su hija quien tiene que reorganizar su trabajo. El bus no solo movía a una persona mayor; sostenía la logística de toda una familia.
Cuando la casa se vuelve el único lugar
Lo más grave ocurre puertas adentro. Una persona mayor que deja de salir camina menos, sube menos gradas, carga menos peso. En pocas semanas la inactividad se traduce en pérdida de fuerza muscular y de equilibrio, y con ellas aumenta el riesgo de caídas. Menos movimiento significa también menos apetito, peor sueño y más dificultad para controlar enfermedades crónicas.
Pero el daño mayor es el aislamiento. La Comisión sobre Conexión Social de la Organización Mundial de la Salud estimó en 2025 que la desconexión social se asocia con más de 871.000 muertes al año en el mundo y que afecta a cerca de una de cada tres personas mayores. Según ese informe, el aislamiento eleva en un 32 % el riesgo de muerte prematura, y la soledad duplica la probabilidad de desarrollar depresión. También se asocia con enfermedad cardiovascular, accidente cerebrovascular, diabetes y deterioro cognitivo.
Es decir, la salida diaria al bus no es un detalle. Es caminar hasta la parada, conversar con el chofer y con la vecina del asiento, ver gente, tener un motivo para arreglarse. Cuando eso desaparece, la salud física y mental se resiente al mismo tiempo, y casi nunca de manera visible para el sistema.
Un derecho, no un favor
La Convención Interamericana sobre la Protección de los Derechos Humanos de las Personas Mayores, vigente en Costa Rica mediante la Ley 9394, reconoce el derecho a la accesibilidad y a la movilidad personal, incluido el transporte público. La Ley 7935 creó el beneficio del pasaje, pero no resolvió cómo financiarlo: hoy lo pagan los demás usuarios en su tarifa, y en 2025 sumó unos ₡14.000 millones. El MOPT analiza alternativas y la Defensoría de los Habitantes ya pidió explicaciones al Ministerio y a la Autoridad Reguladora.
Ese debate debe incluir una pregunta que hasta ahora no aparece en los comunicados: cuánto le cuesta al país, en salud y en cuidados, que una persona mayor deje de salir de su casa. Cualquier solución, sea un subsidio directo, un aporte municipal o un contrato para rutas de baja demanda, tiene que partir de que moverse por la propia ciudad es parte de vivir con autonomía.
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Lea también nuestra cobertura sobre ciudades amigables con las personas mayores y accesibilidad urbana en Costa Rica.
Nota de fuentes: Fabiola Pomareda García, «Empresa que eliminó ruta de bus alega que se debe a predominio de adultos mayores en comunidades atendidas», Semanario Universidad, 8 de octubre de 2026. Valeria Martínez, «Beneficio para que algunos adultos mayores viajen gratis en bus está bajo análisis», Teletica, 23 de setiembre de 2026. Semanario Universidad, «Pensiones del Régimen No Contributivo arrancarían el 2026 con un déficit de ₡60 mil millones», 25 de setiembre de 2025. Organización Mundial de la Salud, Comisión sobre Conexión Social, «De la soledad a la conexión social», junio de 2025, recogido por Infocop. Marco legal: Ley 7935 y Ley 9394, Sistema Costarricense de Información Jurídica.





