Por: Redacción www.costaricamayor.com . Colabora: Eduardo Méndez, Director de Costa Rica Mayor.
Costa Rica está entrando en una nueva etapa histórica: la del envejecimiento acelerado. Lo que antes se proyectaba como un fenómeno de largo plazo hoy se vive en tiempo real. El país enfrenta simultáneamente presión sobre el sistema de pensiones, saturación en los servicios de salud, aumento sostenido en el costo de vida y una creciente sensación de inseguridad. Todo esto configura un escenario claro: la transición hacia la economía de la longevidad ya comenzó, pero las instituciones aún no están listas para sostenerla.
Un cambio demográfico que redefine el país
Costa Rica vive una transformación demográfica profunda. La combinación de una baja tasa de natalidad y una mayor esperanza de vida está modificando la estructura poblacional. Cada vez hay más personas mayores y menos jóvenes, lo que impacta directamente el mercado laboral, el sistema de seguridad social y la sostenibilidad fiscal.
Este fenómeno no es exclusivo del país, pero sí tiene características particulares: ocurre en un contexto donde el Estado social enfrenta limitaciones financieras y donde la preparación institucional ha sido más lenta que el ritmo del cambio demográfico.
Pensiones, salud y costo de vida: tres presiones simultáneas
Las señales de alerta ya son visibles en la vida cotidiana de miles de personas mayores.
El sistema de pensiones, particularmente el régimen de Invalidez, Vejez y Muerte (IVM), enfrenta cuestionamientos sobre su sostenibilidad. A esto se suma el debate sobre el retiro anticipado del Régimen Obligatorio de Pensiones (ROP), que abre tensiones entre liquidez inmediata y seguridad futura.
En paralelo, la Caja Costarricense de Seguro Social arrastra problemas estructurales reflejados en listas de espera para cirugías, consultas especializadas y diagnósticos. Esta situación afecta con mayor intensidad a las personas adultas mayores, quienes dependen más del sistema público de salud.
El aumento en el costo de vida agrava aún más el panorama. Los hogares con ingresos fijos —como los de personas pensionadas— enfrentan dificultades para cubrir necesidades básicas, especialmente en alimentación, medicamentos y servicios.
Seguridad y vulnerabilidad en la vejez
A este contexto se suma una creciente percepción de inseguridad. Las personas adultas mayores se encuentran entre las más vulnerables ante delitos como estafas, robos y abuso financiero.
La inseguridad no solo limita la movilidad y la participación social, sino que también impacta la salud mental y la calidad de vida, generando aislamiento, miedo y desconfianza.
La economía de la longevidad: una oportunidad no aprovechada
Más allá de los desafíos, el envejecimiento poblacional también representa una oportunidad. La economía de la longevidad plantea un nuevo enfoque donde las personas mayores no son vistas únicamente como beneficiarias de servicios, sino como actores activos en la economía y la sociedad.
Sin embargo, para que este modelo funcione se requieren transformaciones profundas: adaptación del mercado laboral, desarrollo de servicios especializados, innovación en cuidados de larga duración y políticas públicas centradas en la autonomía y la dignidad.
Hoy, Costa Rica avanza hacia esa transición, pero sin una estrategia integral que articule estos elementos.
El reto de envejecer con dignidad en Costa Rica
La gran pregunta que enfrenta el país no es solo cuánto van a vivir las personas, sino en qué condiciones lo harán.
Prepararse para esta nueva etapa implica mucho más que reformas aisladas. Requiere una visión país que coloque a las personas adultas mayores en el centro del desarrollo, garantizando derechos, promoviendo autonomía y asegurando calidad de vida.
Costa Rica tiene aún la oportunidad de hacerlo bien. Pero el tiempo, como su población, sigue avanzando.







