Costa Rica envejece más rápido de lo previsto: las cifras que obligan a repensar el país

Ene 19, 2026 | El reporte, Opinión, Slider el reporte | 0 Comentarios

Autor: Costa Rica Mayor

Por: Redacción Costa Rica Mayor.

San José, 19 de Enero de 2026. Costa Rica atraviesa una transformación demográfica profunda y acelerada que ya está redefiniendo sus principales desafíos sociales, económicos, sanitarios y de cuido. Así lo expuso la investigadora Emiliana Rivera durante su ponencia “Estadísticas claves sobre la población adulta mayor en Costa Rica”, presentada en el foro “Bienestar hoy, para envejecer bien mañana”, organizado recientemente por el Colegio de Profesionales en Psicología de Costa Rica.

Durante su intervención, Rivera explicó que Costa Rica alcanzará el millón de personas adultas mayores alrededor del año 2040, lo que representa un adelanto de aproximadamente diez años respecto a las proyecciones que se manejaban hace apenas una década. Este dato, lejos de ser anecdótico, confirma que el país está envejeciendo más rápido de lo previsto y que sus estructuras sociales no se están adaptando al mismo ritmo.

Las cifras históricas lo evidencian con claridad. En 1960, las personas de 65 años y más representaban apenas el 3,2 % de la población. Para el 2025, este grupo ya supera el 11,7 %, y las proyecciones indican que para el 2050 cerca del 25 % de la población costarricense será adulta mayor. Es decir, una de cada cuatro personas tendrá 65 años o más.

Uno de los hitos demográficos más reveladores señalados durante la ponencia es que desde el año 2016 Costa Rica tiene más personas mayores de 65 años que niños y niñas menores de cinco. A nivel mundial, este fenómeno se registró hasta el 2018, lo que coloca al país por delante en el proceso de envejecimiento poblacional. Esta situación es consecuencia directa de una reducción sostenida de la tasa de fecundidad —actualmente una de las más bajas de la región— y de un aumento constante en la esperanza de vida.

Sin embargo, la investigadora advirtió sobre una paradoja que debe encender las alertas: aunque las personas en Costa Rica viven más años, una parte importante de ese tiempo adicional se vive con peor calidad de salud. Las estadísticas muestran que los años posteriores a los 65 suelen estar marcados por mayor carga de enfermedad, dependencia y limitaciones funcionales, una situación que afecta con mayor intensidad a las mujeres.

Estas desigualdades, explicó Rivera, no aparecen de forma espontánea en la vejez, sino que son el resultado de trayectorias de vida atravesadas por brechas educativas, laborales y económicas. Menores oportunidades de empleo formal, interrupciones en la vida laboral por tareas de cuido y salarios más bajos se traducen, en la vejez, en pensiones insuficientes, mayor dependencia económica y mayor vulnerabilidad social.

Otro de los puntos críticos abordados en la ponencia fue la escasez de información sistematizada sobre la población adulta mayor. Rivera subrayó que la falta de datos actualizados y accesibles sigue siendo una barrera estructural para la toma de decisiones informadas. Sin datos confiables —advirtió— no es posible diseñar políticas públicas efectivas, planificar servicios adecuados ni anticipar los impactos del envejecimiento acelerado.

El mensaje central fue claro: Costa Rica no está hablando de un escenario futuro, sino de una realidad que ya está en marcha. Repensar el país desde una perspectiva de envejecimiento implica revisar los sistemas de salud, pensiones, cuido, empleo y participación social, pero también cambiar la forma en que la sociedad comprende y valora la vejez.

El envejecimiento poblacional, concluyó Rivera, no es solo un desafío estadístico, sino una oportunidad para construir un país más justo, inclusivo y preparado para todas las etapas de la vida.

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