¿Cómo queremos que sean nuestras ciudades? Hacia una Costa Rica más amigable con las personas adultas mayores

Jul 2, 2025 | Noticias, Recientes, slider noticias | 0 Comentarios

Autor: Costa Rica Mayor

Por Redacción | Costa Rica Mayor con colaboración de Eduardo Méndez, Máster en Gerencia Social, Especialista en envejecimiento y vejez.

¿Cómo queremos que sean nuestras ciudades? Esa es la pregunta que hoy convoca a gobiernos locales, instituciones públicas y comunidades en todo el país. Frente a un proceso acelerado de envejecimiento poblacional, Costa Rica se enfrenta al desafío —y a la oportunidad— de rediseñar sus espacios urbanos para que sean inclusivos, accesibles y seguros para todas las personas, en especial para quienes envejecen en ellos. La respuesta ha tomado forma en una estrategia concreta: las Ciudades Amigables con las Personas Adultas Mayores.

Impulsada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización Panamericana de la Salud (OPS), esta iniciativa mundial adoptada por Costa Rica, tiene un objetivo claro: transformar nuestras ciudades en entornos donde las personas mayores puedan vivir con autonomía, salud, participación, seguridad y dignidad. Para ello, se requiere mucho más que buena voluntad; se requiere rediseñar nuestras calles, parques, aceras, centros de salud y servicios municipales desde una perspectiva gerontológica, intergeneracional y comunitaria.

La estrategia ha tomado fuerza en los últimos años. En diciembre de 2019, doce cantones —como Cartago, El Guarco, Curridabat, Heredia, Tibás y Grecia— se incorporaron oficialmente a la Red Mundial de Ciudades y Comunidades Amigables. Para el 2025, la red costarricense ya cuenta con 42 territorios que fomentan el envejecimiento saludable en sus comunidades. Esta participación no es simbólica: en varios municipios ya se han implementado proyectos concretos, como circuitos de caminabilidad seguros en Curridabat y jardines terapéuticos intervenidos por personas mayores en Tibás.

La estrategia no camina sola. Está respaldada por una comisión nacional conformada por actores clave como el Ministerio de Salud, la OPS/OMS, la Asociación Nacional de Alcaldías e Intendencias (ANAI), el IFAM, la CCSS, la UCR, JUPEMA, la Fundación Yamuni Tabush y el CONAPAM. Juntas, estas entidades han firmado convenios de cooperación y acompañan técnicamente a los gobiernos locales en sus procesos de planificación y ejecución de acciones amigables con el envejecimiento.

Pero ¿qué hace que una ciudad sea verdaderamente amigable con las personas mayores? La OMS ha identificado ocho áreas clave: espacios al aire libre y edificios accesibles, transporte público adecuado, vivienda segura y adaptable, participación social, respeto e inclusión, participación cívica y empleo, comunicación e información clara, y servicios comunitarios y de salud efectivos. Estos ejes orientan los planes de acción municipales que buscan construir ciudades inclusivas no solo desde la infraestructura, sino también desde la cultura, la escucha activa y el respeto a los derechos humanos.

A pesar de los avances, todavía hay un largo camino por recorrer. De los más de 80 cantones del país, menos de la mitad forman parte de la red. Muchas municipalidades aún carecen de oficinas específicas para la atención de personas mayores o de presupuestos asignados para proyectos inclusivos. Además, en algunos casos los diagnósticos no se han traducido en acciones concretas ni en indicadores que permitan evaluar los resultados. Falta fortalecer la participación efectiva de las personas adultas mayores en las decisiones que les afectan directamente, y garantizar recursos para que las iniciativas no dependan únicamente del voluntarismo o de fondos externos.

Responder a la pregunta “¿cómo queremos que sean nuestras ciudades?” es, en última instancia, una cuestión de visión y justicia. Una ciudad que escucha, adapta sus espacios, fomenta la participación y reconoce el valor de sus habitantes mayores no solo se vuelve más justa con quienes envejecen, sino también más segura y humana para todas las generaciones. Apostar por ciudades amigables es apostar por un futuro inclusivo, donde envejecer con dignidad no sea una excepción, sino la norma.

El reto es colectivo. Las herramientas existen, los ejemplos también. Solo falta voluntad para replicarlos, ampliarlos y sostenerlos. Porque construir una ciudad amigable no es solo una tarea técnica: es un acto profundo de reconocimiento, de solidaridad intergeneracional y de esperanza.

 

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