Por: Eduardo Méndez, Director de Costa Rica Mayor
San José, 17 de diciembre de 2026. El aislamiento social en las personas adultas mayores no es únicamente un problema emocional ni una sensación subjetiva de soledad. Un nuevo estudio científico internacional confirma que la falta de interacción social regular acelera el deterioro cognitivo en la vejez, incluso cuando la persona no se percibe como sola. Este hallazgo resulta especialmente relevante para Costa Rica, un país que envejece de forma acelerada y enfrenta crecientes desafíos en salud pública, cuido y cohesión social.
La investigación, publicada en The Journals of Gerontology: Psychological Sciences and Social Sciences, demuestra con evidencia sólida que el aislamiento social tiene un impacto directo en la salud cerebral de las personas adultas mayores. Aunque el estudio se basa en datos internacionales, sus conclusiones son plenamente aplicables a la realidad costarricense, marcada por cambios demográficos profundos y una transformación acelerada de las redes familiares tradicionales.
Costa Rica vive hoy una transición demográfica sin precedentes. Cada año aumenta el número de personas mayores de 65 años, muchas de ellas viviendo solas, con redes familiares debilitadas o con una participación limitada en espacios comunitarios. Esta realidad se vuelve aún más visible durante el mes de diciembre, cuando el aislamiento se intensifica para quienes no cuentan con acompañamiento cercano, participación social activa o vínculos significativos.
El estudio es claro al señalar que no basta con que una persona diga que “no se siente sola”. La evidencia demuestra que la falta objetiva de contacto social, expresada en baja interacción cotidiana, escasa participación comunitaria y ausencia de vínculos sociales regulares, acelera el deterioro cognitivo en la vejez. En otras palabras, una persona puede no sentirse emocionalmente sola y aun así estar expuesta a un riesgo mayor para su salud cerebral si vive en aislamiento social.
Para llegar a estas conclusiones, los investigadores analizaron 137.653 pruebas cognitivas realizadas a más de 30.000 personas adultas mayores durante un periodo de 14 años. Los resultados muestran que el aislamiento social no solo se asocia al deterioro cognitivo, sino que lo causa de forma directa, y que este efecto se presenta en todos los grupos sociales, sin importar el nivel educativo, el género, la etnia o la condición socioeconómica. Además, reducir el aislamiento social demostró tener un efecto protector sobre la función cognitiva, incluso en personas con factores de riesgo.
En términos simples, el mensaje es contundente: las personas adultas mayores que participan, conversan, se mantienen socialmente activas y forman parte de una red envejecen mejor a nivel cognitivo. La interacción social no es un complemento opcional, sino un componente esencial de la salud en la vejez.
Uno de los aportes más relevantes del estudio es la distinción entre soledad y aislamiento social. La soledad es una experiencia subjetiva relacionada con cómo se siente la persona, mientras que el aislamiento social es una condición objetiva que se refiere a cómo vive y se relaciona. En Costa Rica, muchas personas mayores no se identifican como solas, pero pasan días enteros sin interacción significativa, sin espacios de participación y sin sentirse parte de una comunidad. Es precisamente este aislamiento silencioso el que tiene un impacto negativo en la salud cognitiva.
Desde una mirada local, la gerontóloga Jimena Mina, presidenta de la Asociación Costarricense de Demencias y Alzheimer (ASCADA), advierte que el aislamiento social en las personas adultas mayores en Costa Rica se manifiesta tanto de forma física como emocional. Según explica, uno de los signos más visibles es el aumento de los hogares unipersonales, ya que actualmente se estima que una de cada seis personas adultas vive sola, y esta cifra continúa en aumento.
Mina también señala situaciones de alta gravedad social, como el abandono de personas adultas mayores en hospitales públicos, especialmente en casos de alta dependencia, donde tras recibir el alta médica no son recogidas por sus familias. A esto se suma una realidad menos visible pero igualmente preocupante: el abandono emocional, caracterizado por la ausencia de vínculos afectivos, comunicación y acompañamiento, incluso en personas que viven con familiares.
La presidenta de ASCADA subraya que este aislamiento tiene consecuencias directas en la salud integral de las personas mayores. Entre ellas, destaca el incremento del deterioro cognitivo, afectando funciones como la memoria y la atención, así como el aumento de síntomas de ansiedad y depresión, que pueden acelerar aún más la pérdida cognitiva. Además, existe una relación directa entre el estado emocional y la salud física, ya que el aislamiento puede derivar en caídas domésticas, malnutrición y una disminución del autocuidado.
Las demencias, incluido el Alzheimer, ya representan una de las principales causas de dependencia y sobrecarga familiar en Costa Rica. Aunque las cifras nacionales aún no alcanzan los niveles de países como Estados Unidos o el Reino Unido, la tendencia es clara y creciente. En un contexto donde el sistema de salud enfrenta presión financiera y el Sistema Nacional de Cuidados aún se encuentra en proceso de consolidación, este estudio envía un mensaje contundente sobre la importancia de la prevención.
Invertir en participación social, centros diurnos, redes comunitarias, actividades culturales y espacios intergeneracionales no es solo una estrategia de bienestar social, sino una medida concreta de prevención en salud, con impacto directo en la protección neurológica, cognitiva y funcional de las personas adultas mayores. No se trata únicamente de recreación o acompañamiento, sino de preservar la autonomía, la dignidad y la calidad de vida en la vejez. Para Costa Rica, este llamado se traduce en la necesidad de fortalecer los espacios comunitarios, atender a quienes no cuentan con redes familiares cercanas y reconocer el aislamiento social como un problema de salud pública y no únicamente social.
Desde Costa Rica Mayor, este estudio refuerza una convicción central: envejecer con vínculos, participación y sentido de pertenencia no es un lujo, es un derecho y una necesidad para la salud integral. Combatir el aislamiento social no solo mejora el bienestar emocional. Hoy la ciencia lo confirma con claridad: también protege el cerebro, la autonomía y la calidad de vida en la vejez. Costa Rica aún está a tiempo de actuar.





