Contexto. Por: Eduardo Méndez, Director de www.costaricamayor.com
En el IX Congreso Internacional de Gerontología de la Universidad de Costa Rica, la científica de enfermería y teórica de las transiciones Afaf Meleis planteó que cada riesgo del envejecimiento puede convertirse en una oportunidad, y que para lograrlo hay que formar a los profesionales de forma interdisciplinaria y no aislada.
No vino a convencer a nadie de que la población envejece. “Sabemos muy bien que la esperanza de vida ha aumentado”, dijo la Dra. Afaf Meleis al inicio de su ponencia Aging, Well-being and Interdisciplinary Work (Envejecimiento, bienestar y trabajo interdisciplinario). La pirámide poblacional de antes ya no existe, y Costa Rica, igual que Estados Unidos, vive esa transición demográfica. Lo que le interesa es otra pregunta: qué hacemos con ella.
Meleis, que visitaba el país por tercera vez, empezó por decir desde dónde habla. Es científica de enfermería y científica social, y estudia la salud a través de las familias y la comunidad. Es también teórica de la transición, investigadora y, como recordó, una persona adulta mayor con su propia experiencia de envejecimiento. Ha sido cuidadora de sus padres, de una hermana mayor, de una hija y, durante un largo periodo, de su esposo. “Esta es mi perspectiva, y tienen que saber que también puede involucrar ciertos sesgos”, advirtió.
Su propuesta tuvo un eje claro: identificar los riesgos que trae la edad avanzada y, frente a cada uno, preguntarse qué oportunidad abre para científicos, clínicos, legisladores y cualquier persona dispuesta a actuar.
El primer riesgo: la imagen que tenemos de la vejez
El riesgo inicial que señaló no es biológico sino social: el estigma. Los medios y la sociedad siguen asociando el envejecimiento con la acumulación de daños, la pérdida de funciones y la pérdida de la capacidad de tomar decisiones. Cuando Meleis pide a sus estudiantes de primer ingreso que piensen en la imagen de una persona mayor, casi siempre aparece esa figura.
Propone sustituirla por otra en la que lo que se acumula no son daños sino conocimiento y sabiduría. En lugar de solo pérdida física, también hay más regulación emocional, menos de ciertas responsabilidades y más apertura a nuevas experiencias. En vez del bastón, imágenes de personas en forma, involucradas, dando una conferencia en otro país.
También cuestionó el lenguaje. Prefiere hablar de personas de edad avanzada o adultas mayores y no de “ancianos” o “viejos”, y pidió revisar cómo se define la vejez. Si alguien se jubila a los 65 y vive hasta los 100, pasa entre 30 y 40 años en una etapa que solemos tratar como un bloque único. Para ella, la edad avanzada es un concepto social que debemos acordar y desagregar en etapas y experiencias distintas.
En esa etapa hay además una ventaja: la lista de cosas que no se pudieron hacer mientras se criaban hijos o se construía una carrera. “Finalmente tengo el tiempo para sentarme a reflexionar sobre qué quiero hacer en los próximos 20 o 30 años de mi vida”, ilustró.
Cambiar esas imágenes, insistió, es responsabilidad de todos, sean investigadores, docentes o activistas, también en las redes sociales.
El envejecimiento como factor de riesgo
Meleis no negó los riesgos biológicos: “Nuestros cuerpos, e incluso nuestras mentes, no están hechos para durar”. Contó que hoy participa en la investigación del Instituto Buck, en California, que trabaja con biólogos y otros científicos con una premisa particular: no estudia por separado el Parkinson, el Alzheimer o las enfermedades cardiovasculares, sino el envejecimiento mismo como factor de riesgo común. Si se entiende qué ocurre en las células, por qué se inflaman y por qué cada sistema envejece a su propio ritmo, quizás se puedan mitigar todas esas consecuencias a la vez.
Sobre el Alzheimer, al que llamó una enfermedad devastadora, reconoció avances como la identificación del gen APOE4 como factor de riesgo, aunque la ciencia todavía no avanza lo suficientemente rápido para quienes ya tienen el diagnóstico. Lo comparó con el cáncer de hace 40 años, que entonces era alarmante y estigmatizado y hoy es en muchos casos una enfermedad crónica tratable.
También mencionó la disminución de la capacidad física y la movilidad y una mayor fragilidad, y subrayó la prevención de caídas como una de las prioridades, por sus efectos sobre la independencia.
Las transiciones del día a día
Más allá de la biología, Meleis repasó riesgos ligados a los roles que cambian, el entorno, la tecnología, la política, el género y la migración.
Uno de los temores más profundos es no poder cuidarse a sí mismo: no poder bañarse o ir al baño sin ayuda. Otro es la pérdida de habilidades de organización, donde ve una oportunidad en aplicaciones diseñadas pensando en quienes las van a usar.
Planteó la necesidad de conversar sobre el final de la vida con la persona y su familia, para planificar esa transición y procurar la mayor comodidad posible. Recordó que a lo largo de la vida se cambian carreras, ocupaciones y papeles en la familia, y que cada una de esas transiciones puede prepararse, tanto por la persona como por los profesionales de salud que la acompañan.
Estar solo no es lo mismo que sentirse solo
“Una cosa es estar solo y otra cosa es sufrir de soledad”, afirmó. Una persona puede tener gente alrededor y aun así sentirse aislada. El Cirujano General de Estados Unidos ha calificado la soledad como una epidemia, y la principal estrategia para enfrentarla es crear conexiones.
La pregunta para los profesionales de enfermería, medicina y demás disciplinas es qué programas pueden ofrecer para facilitar esas conexiones. Muchas personas mayores le han dicho que no tienen energía para planificar: tareas que a otros les toman segundos se vuelven largas y difíciles por la falta de familiaridad con la tecnología o por las visitas frecuentes a los servicios de salud. Aunque no lo parezca, explicó, es un problema directamente relacionado con la salud.
Como ejemplo describió un programa comunitario en el que personas mayores que quieren ser voluntarias usan su tiempo y su experiencia para acompañar a otras personas mayores. Con solo una llamada telefónica, alguien va a la casa de quien lo necesita.
Clima y tecnología: riesgos nuevos, oportunidades nuevas
Meleis pidió a la comunidad investigadora estudiar cómo el cambio climático afecta a las personas mayores. Mencionó las recientes olas de calor en Estados Unidos y Europa, que llevaron a muchas personas mayores a los servicios de emergencia, y señaló que en una emergencia climática quienes viven en residencias o dependen de cuidados pueden quedar más aislados que nunca. Los cambios se pueden mitigar, pero no evitar.
La tecnología, en cambio, la presentó sobre todo como oportunidad, aunque advirtió sobre la desinformación que circula en internet. Ahí ve un papel para la universidad y para el programa de gerontología: cursos que ayuden a las personas mayores a desarrollar habilidades tecnológicas, y escuelas de ingeniería que diseñen tecnologías más adecuadas para las personas con discapacidad y para quienes envejecen.
Dejar de formar profesionales en aislamiento
El cierre volvió a lo que sí está bajo nuestro control: los sistemas de salud y de educación. Para Meleis hay una incongruencia entre lo que necesitan las personas mayores y la manera en que se prepara a quienes las atienden. “Todavía estamos educando a la gente en aislamiento”, dijo.
La mayoría de los programas en el mundo forman a cada disciplina por separado y después piden a sus egresados trabajar en equipo, cuando nunca aprendieron a entender la perspectiva de los otros. Por eso destacó como un modelo la maestría interdisciplinaria en gerontología de la UCR, que reúne a estudiantes de distintas profesiones para aprender juntos.
Su mensaje final se resume en un cambio de mirada: reconocer los riesgos del envejecimiento sin reducir la vejez a ellos, y formar profesionales capaces de convertir esos riesgos en oportunidades, trabajando en equipo.
La Dra. Afaf Meleis es científica de enfermería y teórica de las transiciones. Su ponencia formó parte del Congreso de Gerontología de la Universidad de Costa Rica.






