El verdadero sentido de honrar a las madres

Ago 5, 2026 | Opinión, Recientes, slider opinion | 0 Comentarios

Autor: Costa Rica Mayor

Por: Johanna Fernández Gómez, Licenciada en Trabajo Social de la Universidad de Costa Rica, presidenta de la Junta Directiva de la Asociación Gerontológica Costarricense (AGECO).

Se acerca el Día de las Madres, festejado con frecuencia entre flores, decoración, alimentos, llamadas y reuniones especiales. Cabe preguntarse: ¿realmente los obsequios materiales tocan el alma y satisfacen los deseos de una madre?; ¿Alguna vez le ha preguntado a una progenitora qué sueños tiene y qué añora realmente?

Quizás este Día de la Madre sea posible aplicar cambios importantes para ella. Y ¿qué tal si durante el año entero se celebra con ella su vida y legado? Que se le obsequie más presencia, menos discursos y más espacios de escucha. Menos costumbre y suposiciones; más compromiso, respeto, cuidado y diálogo.

Si realmente se desea honrar a una madre, hay que analizar si ella disfruta de sus derechos humanos. No basta con agradecerle. Honrarla es escuchar sin prisa, respetar sus deseos y su tiempo, reconocer sus condiciones físicas y emocionales. Es dejar de exigir que cumpla tareas como si su valor estuviera ligado a cuánto hace por las demás personas, olvidándose de sí misma y minimizando sus prioridades personales. Respetarla es permitir a esa mujer madre y/o abuela ser y reconocerse como persona con aspiraciones, derechos y sueños que debe de vivir.

El genuino reconocimiento de sus derechos humanos es garantizarle compañía, atención médica, aprendizaje, socialización, autonomía, independencia económica, seguridad, espacios de participación. Es entender que existen madres agotadas, saturadas, extenuadas, violentadas y menospreciadas y, que la maternidad misma no es un ideal de perfección, sino una gestión profundamente humana y falible. Porque honrar a las madres implica valoración de su vida y su memoria permitiéndole ser persona, mujer y cumplidora de sueños propios.

Es fácil para muchas mujeres perderse entre jornadas extenuantes, fungiendo como madres y/o abuelas; como sostén emocional, trabajadoras y proveedoras, como apoyo en labores de cuidados y defensoras del núcleo familiar. Siendo quienes acuerpan, cocinan, lavan, limpian, ordenan, administran, cuidan, aconsejan y también transmiten historias, valores y constituyen memoria viva.

Es imprescindible mirar a las madres invisibilizadas, las que viven solas, las que han perdido hijos, hijas o nietos(as); aquellas que enfrentan enfermedades o precariedad económica, violencia social y hasta intrafamiliar. En ellas, el abandono social debe generar una pregunta obligatoria: ¿cuáles son las tareas pendientes como sociedad para que vivan plenas y felices?

Desarrollemos nuevas rutinas, nuevos sueños y planes conjuntos como familia, sin exclusiones ni faltas de respeto hacia las mujeres madres y abuelas. Porque la honra a una madre, especialmente la que es adulta mayor, inicia en el hogar y debe incluir acciones que respalden su valor y defiendan el disfrute de sus derechos humanos en sus vidas personales, en su contexto familiar y en la sociedad.

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