Inicia el Cónclave: cuando la experiencia y la edad deciden el futuro de la Iglesia

May 7, 2025 | Noticias, Recientes, slider noticias | 0 Comentarios

Autor: Costa Rica Mayor

Por: Redacción Costa Rica Mayor

Ciudad del Vaticano. Esta semana se cerraron las puertas de la Capilla Sixtina para dar inicio al cónclave, el proceso solemne mediante el cual la Iglesia Católica elegirá a su próximo Papa. Mientras el mundo observa con atención, Costa Rica Mayor resalta un aspecto muchas veces ignorado: el papel central de la vejez en la conducción espiritual global.

Aunque el derecho canónico establece que sólo pueden votar los cardenales menores de 80 años, la realidad es que el colegio cardenalicio refleja el valor que la Iglesia aún concede a la edad madura. La edad promedio de los 117 cardenales electores supera los 72 años, y muchos de ellos han sido nombrados en su vejez, después de largas trayectorias de servicio, reflexión y compromiso pastoral.

Esta elección no sólo es un acto de fe y tradición, sino también un recordatorio silencioso de que el liderazgo no se agota con el paso de los años. Al contrario: en el cónclave, la experiencia se convierte en brújula. La vejez aporta serenidad, visión a largo plazo y una comprensión profunda de la historia eclesial y humana.

Curiosamente, aunque no existe una edad mínima para ser cardenal, destaca también un dato atípico: uno de los cardenales más jóvenes del colegio tiene apenas 45 años, una excepción que confirma la regla. En medio de estos contrastes, la Iglesia presenta un abanico generacional que dialoga, reflexiona y discierne en comunión.

La elección del nuevo Papa es también una oportunidad para reivindicar el valor social de la longevidad. La Iglesia, al confiar el discernimiento papal a quienes han recorrido décadas de vida y servicio, nos ofrece un mensaje potente: la vejez no es una etapa de retiro, sino de cosecha y responsabilidad.

Desde Costa Rica Mayor, observamos con esperanza este momento. Que el nuevo pontificado lleve consigo no solo la guía del Espíritu, sino también el sello de la experiencia, la madurez y la dignidad de quienes han envejecido con propósito.

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