Por: Eduardo Méndez, Director de Costa Rica Mayor.com
San Jose, 10 de Marzo del 2026. Costa Rica Mayor conversó con el actor, productor y autor Miguel Ángel Hernández Grazioso, quien participa en el montaje de la obra Los árboles mueren de pie, presentada en estos días en el Teatro Eugene O’Neill del Centro Cultural Costarricense Norteamericano. El clásico del dramaturgo español Alejandro Casona vuelve a los escenarios costarricenses con una puesta en escena que invita a reflexionar sobre la dignidad, la esperanza y el valor emocional de las ilusiones en la vida de las personas mayores.
Esta obra, considerada uno de los textos más emblemáticos del teatro del siglo XX, cuenta la historia de una organización que se dedica a crear ilusiones para hacer felices a las personas. En el centro de la trama aparece una abuela que, durante años, ha creído que su nieto —expulsado de la familia por su mala conducta— se ha convertido en un hombre ejemplar. Para preservar esa ilusión, se construye una historia que terminará revelando profundas reflexiones sobre la verdad, el amor y la dignidad humana.
La ilusión como acto de ternura
Según explicó Miguel Ángel Hernández Grazioso a Costa Rica Mayor, uno de los temas centrales de la obra es la relación entre verdad, compasión y bienestar emocional.
“A veces la verdad absoluta no es lo más importante, sino la dignidad emocional de las personas. En el caso de la abuela, la ilusión que se construye a su alrededor no nace del engaño cruel, sino del amor y del deseo de proteger su corazón”, señaló.
Para el productor del montaje, el dramaturgo Alejandro Casona plantea una reflexión profundamente humana: en ciertos momentos de la vida, especialmente en la vejez, la compasión puede expresarse a través de pequeñas ilusiones que preservan la serenidad y la esperanza de quien ha vivido mucho.
“Casona nos invita a pensar que, en algunas circunstancias, una ilusión puede convertirse en un acto de ternura que protege la tranquilidad emocional de una persona mayor”, agregó.
La abuela: un símbolo de dignidad en la vejez
Uno de los personajes más poderosos de la obra es la abuela, una figura que representa fortaleza, esperanza y dignidad.
Para Hernández Grazioso, este personaje conecta profundamente con la experiencia de muchas personas mayores.
“La abuela es uno de los personajes más luminosos del teatro universal. En nuestro montaje la vemos como una mujer profundamente digna, que ha pasado por decepciones, pero que se niega a perder la fe en la bondad humana”, explicó.
El personaje refleja una realidad que muchas veces se observa en la vida cotidiana: personas mayores que, pese a las heridas del pasado, continúan defendiendo valores como el amor, la confianza y la esperanza.
“Su fortaleza no viene de negar la realidad, sino de decidir vivir con nobleza y optimismo hasta el final”, afirmó el actor y productor.
Los sueños no tienen edad
La obra también plantea una idea poderosa: los sueños no pertenecen únicamente a la juventud.
En la historia, la ilusión del nieto representa algo más profundo: el deseo de creer que la vida todavía puede traer belleza y afecto.
“La obra plantea que los sueños mantienen viva el alma a cualquier edad. Desde nuestra puesta en escena queremos transmitir que la esperanza y las historias que construimos forman parte esencial del bienestar emocional de las personas mayores”, señaló Hernández Grazioso.
En ese sentido, la obra sugiere que las ilusiones y los sueños pueden ser una fuente importante de sentido, afecto y continuidad emocional en la vejez.
Un mensaje vigente para una sociedad que envejece
El regreso de Los árboles mueren de pie a los escenarios costarricenses ocurre en un momento particularmente significativo. Costa Rica atraviesa un proceso acelerado de envejecimiento poblacional.
Hoy más de 900.000 personas tienen 60 años o más, y se estima que en las próximas décadas el país experimentará uno de los cambios demográficos más importantes de su historia.
Para el productor del montaje, el mensaje de la obra sigue siendo profundamente actual.
“Esta historia nos invita a mirar a nuestros adultos mayores con respeto, sensibilidad y empatía. Envejecer no significa perder dignidad ni sueños”, afirmó.
Desde el teatro, la obra abre una conversación social necesaria: cómo acompañamos a las personas mayores, cómo escuchamos sus historias y cómo valoramos su trayectoria de vida.
“Creemos que el teatro tiene la capacidad de generar reflexiones importantes. Los árboles mueren de pie nos recuerda algo universal: la necesidad humana de esperanza, amor y dignidad hasta el último momento de la vida”, concluyó Hernández Grazioso.
Teatro que dialoga con la vida
A más de siete décadas de su estreno, la obra de Alejandro Casona continúa emocionando a nuevas generaciones. Su mensaje, sencillo pero profundo, recuerda que incluso en medio de las dificultades de la vida, la dignidad y la esperanza pueden mantenerse firmes, como los árboles que, incluso al morir, permanecen de pie.











