Por: Miguel Angel Rodriguez. Vía La República.
La disminución en la población puede ser aún más rápida que la esperada el año pasado, cuando ya se esperaba una disminución más acelerada. Las consecuencias son muchas y muy grandes.
En julio de 2024 publique mi artículo “El cambio demográfico es aún más dramático de lo que esperábamos” (www.rodriguez.cr). Está basado en la Actualización de las Estimaciones y Proyecciones Nacionales de Población 1950-2100 de julio del año pasado.
En esa publicación reproduje algunas manifestaciones del INEC: “El país muestra una sostenida desaceleración en el crecimiento, incluso llegará el momento en que la población empezará a disminuir, lo cual se proyecta suceda alrededor de 2045. La población para 2025 será de 5 191 823, llegará a un valor máximo en 2044 de 5 439 639 y a partir de ahí, inicia el decrecimiento paulatino.” Caerá a 3 422 780 al final de este siglo.
“La esperanza de vida al nacer (que en 1950 era de 57 años, en 1980 de 75 y este año es de 81) alcanzará 84,27 años en 2050 y 89,57 en 2100.”
“La población de 65 años y más se duplicará en 2044.”
“Las cifras establecen que para 2050, 25 de cada 100 personas en la población tendrán 65 años y más, en comparación con 2024 donde esta relación es de 11 por cada 100.”
“La tasa global de fecundidad (TGF), que bajó de 3,26 hijos e hijas por mujer en 1990 a 1,23 en 2024, disminuirá aún más, se proyecta que Costa Rica alcanzará una tasa mínima de 1,14 hijos e hijas por mujer en 2031, y luego, a partir de 2050, se estabilice en 1,26.”
La TGF es el número de hijos que en promedio tendría cada mujer al final del periodo fértil, si durante su vida tiene sus hijos e hijas de acuerdo con las tasas de fecundidad por edad. Cuando la TGF es de 2 ,1 hijos por mujer las parejas están teniendo únicamente el número de hijos e hijas necesarios para reemplazarse a sí mismas.
Revisando la publicación de INEC “Indicadores Demográficos 2024 dada a conocer el mes de noviembre que ayer terminó, encontré que para ese año 2024 la estimación de TGF baja del estimado del año pasado de 1,23 a 1,12, una disminución de un 9% que de mantenerse volvería a acelerar la disminución en la población esperada para el resto de este siglo.
Ya desde el año 2004 habíamos bajado a una TGF de 2,1, y continuó disminuyendo.
Con base en las estimaciones de población para el resto de este siglo elaboradas por el INEC el año pasado hice comentarios que ahora -si se acelera el cambio demográfico hacia una población menor y más envejecida- serían incluso más pronunciados.
Repito algunos de esos comentarios basados en las estimaciones efectuadas por INEC en 2024.
Claro que esto impacta brutalmente la relación entre trabajadores activos y personas en edad de pensionarse.
Hago los cálculos usando la tasa de ocupación del último semestre antes de la pandemia que era muy elevada en comparación con su evolución histórica. Hoy es mucho más baja lo que agravaría los resultados.
En 1950 había más de 9 trabajadores activos por cada persona de 65 años o más. Para el cambio de siglo había bajado a 6 y un tercio. Este año se estima en solo 3,5 lo que significa casi solo una tercera parte de lo que fue hace 74 años. Pero la cosa sigue agravándose. A mediados de siglo habría bajado a solo 1,43, menos de un trabajador y medio activo por cada adulto mayor. Para fin de siglo apenas habría 0,58 trabajadores por cada persona en capacidad de pensionarse con los parámetros de hoy.
Claro que son proyecciones a largo plazo sujetas a muchos cambios. Es de prever que la tasa de ocupación de las mujeres aumente mucho. Podría haber una inmigración mucho mayor a la proyectada. Podría cambiar la tendencia y aumentar la proporción de nacimientos.
Y en todo caso también hay aportes positivos que nos depara este cambio demográfico.
Son las mujeres jóvenes las que han disminuido increíblemente rápido la natalidad y esto en buena parte se produce por la drástica caída en el embarazo adolescente. Estas jóvenes que han cambiado su comportamiento podrían dar mayor importancia a su preparación personal y mejorar la productividad nacional.
Otro elemento positivo es que la caída en la natalidad aumenta la duración del bono demográfico. Este bono es el resultado del crecimiento más rápido de la población productiva con relación al crecimiento de la población dependiente. Esto se da porque la disminución del crecimiento de la población dependiente joven es mucho mayor que el aumento de la población dependiente adulta durante varios años. El distinguido demógrafo Dr. Luis Rosero estima que en lugar de terminar el bono demográfico en 2026 como se estimaba,ahora durará hasta 2038.
Sin embargo. es evidente que la rápida transformación de la composición etárea de la población ya se ha dado, y por lo que se proyecta se seguirá dando.
Esto nos obliga a realizar profundas transformaciones en nuestra realidad laboral, en los sistemas de pensiones, en el sistema tributario, en el sistema de salud, en los servicios educativos y en los mecanismos de distribución de los ingresos.
No es posible atender esta dramática transformación de nuestra población con unos pocos cambios en unos parámetros. Es preciso entender que se requiere actuar con visión de largo plazo y no rehuir el inicio de cambios radicales, que demandarán grandes acuerdos nacionales con modificaciones que se irán aplicando gradualmente.
A pesar del inmediatismo que domina las contiendas políticas, los candidatos en nuestro actual proceso electoral deben ser conscientes que en el gobierno se les demandará tomar acciones difíciles con miras a enfrentar problemas futuros que requieren soluciones ya







